Mi Tiempo en los Urales

En mayo fuimos a una venta de aviones en Moscú donde tuvimos la mayor venta en  Moscú donde vendimos una gran parte de nuestras muestras y donde recibimos mas de 300 pedidos en tras dos semanas de exposición, un numero bastante bueno que representa en números mas de un billón de dólares para la empresa.

Al terminar la exposición, decidí quedarme en Rusia por algunas semanas y explorar las zonas menos exploradas de ese país, como lo es la taiga siberiana y los montes Urales ya que desde siempre me han llamado la atención esos lugares a groso modo.

Para conocer bien dichos sitios me dirigí a la casa de un cazador local quien vive de la tierra y de los animales simplemente como medidas de supervivencia lo que significa pasar la primavera; verano; otoño e invierno viviendo de lo que consiguen sus propias manos ya que jamás de los jamases compra comida de algún establecimiento  de alguna ciudad. Hoy en día hay muy pocas personas con este estilo de vida  por lo que resulto sumamente interesante.

Debo decir que mis expectativas sobre el lugar donde iría eran bastante extremas considerando la información que se me había prescrito sobre mi destino. Sabia de antemano que  iría a una cabaña construida enteramente por el señor que me daría posada lo que significa que todo ahí lo construyo con sus propias manos con elementos del bosque de los Urales.

Por esta razón esperaba llegar a una cabaña sumamente modesta y muy vieja, debido a que mi guía y anfitrión se trataba de un señor de nombre Boris de casi 80 años de edad. Debido a mis expectativas me prepare mucho mentalmente para estar en tales condiciones tan rusticas  ya que siempre he vivido en lugares demasiado limpios y de sumo confort. Sin embargo, mi deseo por ver el mundo escondido en esos profundos bosques era mucho mayor que mi sentimiento adverso para con lo rustico.

Tras un largo viaje, me encontré con  mi guía y anfitrión, un señor de pelo blanco; gran estatura y una fuerza mayor –sin exagerar – a la de muchos hombres en sus veintes algo que contrastaba de una manera extraña con su edad. La cabaña, aunque construida por sus propias manos era cómoda, muy limpia y espaciosa además de contar con las camas más cómodas en las que me he acostado.

Lo primero que me mostró, fue el huerto que tenia en la parte posterior de la cabaña, donde cultivaba papa; ajo; cebolla; zanahoria e inclusive fresas. El huerto estaba rodeado de arboles de cerezas y manzanos quienes daban fruto en primavera.

Después de darme muchas lecciones de la manutención del huerto  me llevo al bosque donde me enseño que en la caza debemos ser uno con el suelo y pegarnos como una hoja seca avanzando en silencio; que al conejo se le caza con un solo flechazo certero; la importancia de interpretar las huellas de las bestias como quien lee el diario; el cómo construir guaridas para esperar un inverno frío en el bosque;  y que al adversario feroz se le derrota con coraje y calma.

Mi tiempo en los montes Urales siempre se quedara tatuado en mi alma.

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