Cuidado al tocar el tema del peso

Hablar sobre el peso de cada persona puede ser tan común como corriente, sobre todo si alguien de los involucrados sufrió un cambio radical, ya sea para bien o para mal, es decir, bajó o subió unos kilos. Sin embargo, nunca pensamos que alguno de nuestros comentarios podría internarse en los pensamientos de alguien y afectar gravemente su personalidad. Por eso siempre debemos tener cuidado con lo que decimos, la forma en que lo hacemos, pues no sabemos el estado de ánimo real de los demás y cómo reaccionarán ante nuestras frases. Hay personas que subieron mucho de peso y no les importa que les digan que están gorditos, ellos son felices, pero hay otros que estén o no por encima de su peso normal que pueden deprimirse y desconocemos la reacción que pudieran llegar a tener, como la historia que estoy a punto de contarles.

Hace algunos meses me encontraba en la fiesta de unos amigos, disfrutando de unas ricas taquizas, y mientras nos deleitábamos con los alimentos, comenzamos a platicar sobre este tema debido a que un amigo y un amigo subieron radicalmente de peso. Ella nos comentó que debido a su embarazo no ha logrado regresar a su peso, pues le ha costado demasiado trabajo; mientras el joven nos dijo que simplemente se le pasó la mano con la comida.  Seguimos con la conversación e hicimos un par de bromas, como solíamos hacerlo en nuestra época universitaria, pues así nos llevábamos. Pero bien dicen que la gente cambia y no medimos el impacto de cada una de las palabras que salieron de nuestras bocas.

La Fiesta siguió transcurriendo, nada parecía estar mal. Seguíamos comiendo, bebiendo, fumando, bailando y bromeando. Las risas retumbaban pero no más que la música, hasta que la madrugada nos cobijó y el sueño comenzó a hacer mella en nuestros cuerpos. Y así, muchos comenzaron a despedirse, incluyéndome. Tomamos nuestros autos, otros pidieron taxis o Uber y nos dirigimos a descansar a nuestros hogares. Nadie imaginó con la noticia que nos enteraríamos a la mañana siguiente, incluso muchos nos sentiríamos culpables de lo acontecido. Pero por el momento sólo era hora de dormir, de digerir los tacos y las bebidas y salir a hacer ejercicio a la mañana siguiente.

Mi celular sonaba, apenas abrí un ojo y me di cuenta que era una de mis amigas que había ido a la fiesta, además de que tenía un par de llamadas perdidas. Respondí y del otro lado se escuchaba una voz llena de dolor y acompañada con llanto. Nuestro amigo, quien había subido unos kilos, se suicidó. Al parecer tenían su cuerpo aún en el hospital, así que me enfundé en unos jeans que tenía a la mano, una playera y una sudadera y corrí hacia el hospital. La información que me habían dado no era la correcta, pues mi amigo aún seguía vivo pero sí intentó quitarse la vida. Fue ahí cuando nos enteramos que su sobrepeso era debido a una depresión que sufrió hace unos meses y la cual se incrementó cuando veía que aumentaba de kilos y no tenía la capacidad para bajarlos. Me sentí terrible por las bromas hechas y supe desde ese momento que debía cuidar todo lo que saliera de mi boca.

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